Simbiontes ¿Qué de nosotrxs es realmente humanx?

El microbioma es el conjunto de microorganismos (bacterias, virus, hongos) que habitan en nuestros organismos “humanos”. Por ejemplo, si hacemos un esquema tomando al cuerpo como referencia, de todas las células que tenemos, la cantidad de células “humanas” alcanzarían a cubrir menos que una pierna, mientras que el resto del cuerpo serían las células microbianas. Si en el mismo esquema pusiéramos los genes que poseemos en el cuerpo completo, los genes “humanos” representan la parte delantera de un pie.

Tan sólo un tercio de nuestras células y alrededor del 10% de nuestros genes son humanos, lo demás es microbiología: material genético de nuestras compañeras de vida, con las que vivimos en un oleaje de genes que saltan entre las células y las especies.

Somos una red microbiológica en la que conviven diferentes organismos en equilibrios precarios de materia y energía, sin ellxs la vida sería imposible. Somos una ecología, es decir, en nuestro interior suceden distintos tipos de relaciones entre organismos y el hábitat donde se comunican.

Aún así, gran parte de la investigación de la biología humana se ha enfocado principalmente en el estudio de las células eucariotas como dispositivos aislados –las células eucariotas son aquellas donde las estructuras básicas como el núcleo y el citoplasma poseen sofisticados sistemas de membranas que las separan del resto–. Todavía no hemos sido capaces de superar el esquema que estudia los procesos de la vida como partes y no como un todo interconectado. 

Hoy se sugiere que algunas enfermedades asociadas al cerebro, desde el Alzheimer hasta la demencia, pueden ser el producto de infecciones mal tratadas. Esto explica la importancia de estudiarlos en conjunto. Hay todo un mundo a explorar para explicar procesos y patologías de la relación simbiótica que somos entre células y microbios. Por ejemplo, sin las bacterias que tenemos en el intestino –con más de 1000 tipos distintos!– no sería posible la digestión. 

La bióloga Lynn Margulis (1938-2011) desarrolló una teoría donde explica que es la cooperación y no la competencia, la relación ecológica que lleva a la evolución. Su teoría demostró que la célula eucariota, aquella que tiene un núcleo definido y sistemas organizados de organelos que ayudan a sintetizar las macromoléculas como las proteínas y los lípidos, se produjo debido a la incorporación de un tipo ancestral de bacteria de vida libre (procariotas) dentro de un tipo ancestral de célula. Esta unión llevó a la evolución de la célula eucariota tal como la conocemos hoy. Esto explica que, por ejemplo, en las células eucariotas animal y vegetal existan organelos como las mitocondrias y los cloroplastos que tienen sus propios genes y sintetizan sus propias proteínas. Nuestras células, las células eucariotas son “pequeñas células dentro de una célula”. Su trabajo no ha tenido toda la divulgación necesaria como el de Darwin, quien entendía a la evolución como una competencia, como una selección (Darwin leía a economistas mientras hacía sus observaciones quienes decían que las necesidades son infinitas y los recursos limitados).

Estas dos maneras de mirar el mundo, por un lado la cooperación y por otro la competencia nos hablan mucho del mundo que vivimos. Lynn Margulis estaba obsesionada con el mundo microbiológico porque pensaba que, en algún punto, las bacterias ya lo habían hecho todo.

Donna Haraway, otra bióloga fundamental para conocer, dedica en su último libro “Seguir con el problema” (Consonni, 2019) un capítulo completo a Lynn Margulis donde nos explica la fascinación que ella tenía con las bacterias y los simbiontes, organismos que viven juntos generando un nuevo organismo. Mixotricha Paradoxa es uno de estos simbiontes que obsesionaban a Margulis. Este microorganismo, que vive en el estómago de la termita y que le permite la degradación de la madera, es un simbionte donde es posible encontrar al menos 5 tipos taxonómicos de células diferentes en un mismo microorganismo. –¡Cinco tipos de criaturas vivientes generando un microorganismo que vive en el estómago de una termita!– 

La naturaleza es así, muchxs en uno y uno que son muchxs. El mundo de lo microbiológico permitió la evolución de las células y también es parte constituyente del modo en el que vivimos hoy. Tenemos que despejar binarismos y abrirnos a la posibilidad que somos ecologías de bacterias cuyos géneros son ejemplos plausibles que no todo en la naturaleza está escrito en número par. Hay bacterias y otros microbios que no tienen un género específico, que cambian a lo largo de su ciclo de vida y son el ejemplo de formas de vida que burlan a la condición heterosexual.

El “ser humano” tiene que aprender que de humanidad es poco lo que le queda y que una nueva concepción de su lugar en la tierra es posible sólo si nos pensamos como simbiontes; organismos que se construyen y viven con otrxs, algo fundamental en este nuevo mundo pandémico y viral.

Verano pandémico de 2020.

–––––––
Para mayor información, buscar las siguientes referencias:
Donna Haraway (2019). Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chthuluceno. Editorial Consonni.
Lynn Margulis (2002). Planeta simbiótico. Un nuevo punto de vista sobre la evolución. Editorial Debate. 


* Creditos portada: Darryl Leja / NHGRI, (2018)

Por Jorge Díaz

Biólogx trans-feminista, escritxr y activista de la disidencia sexual.