Tengo sexualidad con el Viento, con el Viento

Una de las citas más icónicas del documental Mucho Mucho Amor sobre Walter Mercado dice:

«Tengo sexualidad con el viento, con el viento. Con las flores en el jardín. Con las bellas exhibiciones de la naturaleza.»1

Walter no usó términos identitarios para definir su sexualidad en sus entrevistas, aunque se le adscribe la asexualidad. Leyendo esta cita como su respuesta a la pregunta de su identificación, parece más apto verle como ecosexuade, en intimidad cósmica con los astros y los elementos que le rodeaban.2 Les ecosexuales encuentran sensualidad con la ecología y, a veces, toman a la tierra como prolífica amante. En el manifiesto ecosexual de Annie Sprinkle y Elizabeth Stephens dicen: «Nosotres hacemos el amor con la tierra. Somos acuófiles, pirófiles y aerófiles.»3 

Esta cita de Mercado comenzó a circular rápidamente en capacidad de meme, su contenido resonando con las intimidades alteradas de muches en este momento de distanciamiento social. Durante la pandemia, estamos hiper-vigilantes a los flujos deseantes y los micro- y macro- flujos materiales y aéreos. Es inevitable observar la necrotopia del hipersexo bacteriano4 y viral del aire y el viento: medio donde se reproducen y transmiten los microorganismos y las infecciones con furor. Como explica Morgan Llwelyn en The Elementals, «El aire está vivo (…) Cada molécula de aire en la tierra tiene un rol en el todo. Infinitas formas de vida bailan en lo que parecer ser, en los ojos humanes, aire vácuo.»5  Es inevitable notar su capacidad de tocarnos, alterarnos, y dañarnos la cuerpa. Este momento nos está empujando a una inevitable conciencia de los micro-flujos y micro-orgías que nos componen y que componemos al desenvolvernos en la cotidianidad. Nos hace apreciar intimidades plurales más allá del contacto sexual/físico humane. Se nos adentran y nos adentramos a los elementos con una cercanía omnipresente. Es un roce constante y acaparador, que nutre y castiga. Ocurre en el espacio dentro de una mascarilla, expandiéndose hacia un cuarto, una estructura arquitectónica, una cuadra o diez, arrastrando nubes de polvo transcontinental. Ocurre a través de todo flujo relacional y habitamos corrientes planetarias por él. 

Ser ecosexual hoy es habitar la dolorosa y orgásmica relación con una tierra en extinción. Es vivir su luto. Es el júbilo de apreciar la precariedad de poder respirar y de poder presenciar lo que sigue aquí, aún cuando todo está envuelto en llamas. Aún podemos abrazar el viento.

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(1) La cita original en inglés dice: «I have sexuality with the wind, with the flowers in the garden, with all the beautiful displays of nature. I don’t need a person especially to make me happy or to have an orgasmic experience. No! I have sex with life…with clothes, with beauty.» 
(2) Hacemos esta definición como un ejercicio conceptual, sin la intención de apropiarse de su auto-definición. 
(3) Manifiesto Ecosexual, Elizabeth M. Stephens & M. Annie Sprinkle. Traducción Sebastián Eslea Buch. 
(4) Término usado por Lynn Margulis y Dorion Sagan en ¿Qué es el sexo? (1998). 
(5) Morgan Llwelyn, The Elementals (1993) pg. 281. La cita original en inglés dice: “Air is alive (…) Every molecule of air on earth has its part to play in the whole. Myriad life forms dance in what appears, to human eyes, to be empty air.”

*Creditos portada: «Arabidopsis thaliana flower» by Stefan Eberhard (2011).

Por Agustine Zegers

(elle) Artista / Escritor, dedicado al mundo olfativo.