Nuevamente es 1ro de diciembre

Día internacional de la lucha contra el VIH/sida.

A diferencia de otros años, me toca conmemorar esta fecha a pocos días de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Es tenso, porque son escenarios —no extremos, pero sí contrapuestos—: por un lado, la posibilidad de tener la sensación de que podemos seguir “avanzando” (sea lo que sea que eso signifique), mientras que el otro es una amenaza directa y explícita hacia mí, mi familia y mis amigues. Su elección conllevaría un retroceso significativo en derechos para las personas que vivimos con VIH, la obtención de salud pública y de calidad, entre otros temas de seguridad integral. Este último sí es extremo, ultraderechista y fascista. No quiero y no creo necesario escribir su nombre, pero le diremos: El peligro.

El peligro y sus adherentes piensan que, al ser nuestra responsabilidad haber adquirido el virus, debiésemos ser nosotres quienes pagan por el tratamiento. Si busco por internet, por ejemplo, en Farmacias Cruz Verde, tendría que pagar $1.091.390 de forma mensual. Sí, imposible. Pero no es acerca de lo inasequible aquello que quería comentar, o lo irresponsable que sería en términos de prevención y políticas sanitarias, sino los comentarios que aparecen al comienzo y donde noto cierta relación con El peligro en función de “la responsabilidad” de cada quien. Antes de hablar de eso, necesito explicar qué es la indetectabilidad. I=I (de U=U en inglés: undetectable equals untransmittable, es decir, indetectable equivale a intransmisible), es una campaña internacional que fue lanzada luego de cuatro estudios[1] hechos entre 2005 y 2018, con miles de parejas serodiscordantes que no presentaron ninguna transmisión tras su pareja haber logrado la supresión viral. Es decir, luego de adherir constante y responsablemente a los antirretrovirales logrando la indetectabilidad, no hay posibilidades de transmitir el virus por vía sexual. Ninguna de las campañas elaboradas en Chile lo menciona, es más, por lo general no se promueven ni enseñan conductas preventivas además del uso del condón o, como me han comentado en otras regiones, la abstinencia. Pero sí es un asunto que se comenta en las consultas médicas e inclusive vagamente en aplicaciones de citas. Se nos instruye a lograr la indetectabilidad y no perderla por ningún motivo, ya que es nuestro pase para “no poner en peligro a las demás personas” en el caso que queramos tener sexo. Pero no es algo que todes logran de inmediato, y hay veces en las que se pierde cuando se interrumpe la adherencia (ya sea por las contraindicaciones o cuando el contexto se vuelve un motivo de fuerza mayor: salud mental, no poder asistir a la farmacia debido a su lejanía, revueltas sociales, toques de queda, y quién sabe qué otros motivos más).

La posibilidad de la transmisibilidad se juzga y castiga, incluso en la dificultad fisiológica y siendo prevenible con el correcto uso del condón o la PrEP. Nunca se ha mencionado que todas las personas seropositivas merecemos y podemos tener una sexualidad plena. Por el contrario, el recuerdo latente es un cuerpo dolido, proclive a ser castigado tras ser un objeto de condena moral. Los avances tecnológicos han disminuido los riesgos, pero el circuito afectivo permanece anacrónico e intacto. Suele ocurrir que personas a las que he brindado acompañamiento o incluso amigues me comentan que, a pesar que el papel y su infectólogue señalan que han logrado la indetectabilidad, les cuesta perder el miedo de sí y creer que no hay riesgos de transmisión. La presión de las historias nos ha golpeado con tal brutalidad que el contacto con otras posibilidades de enunciación pasa desapercibido o se percibe como algo que no merecemos. Y lo entiendo, los estragos de la muerte y los circuitos que instala son casi inamovibles, nos anquilosan los vacíos súbitos que recuerdan que algún día todo tendrá un fin. El sida sí significó la muerte para muchas personas, sobre todo aquellas pertenecientes a las disidencias sexuales y de género. Pero esto no significa que el virus sea mortal, sino más bien los discursos asociados que han mermado nuestra capacidad para poder contarnos después del diagnóstico. Porque nuestro relato puede continuar. Pero esta continuidad no debiese condicionarse a la voluntad de una persona seronegativa intransigente y serofóbica. Porque no debiese ser exclusivamente nuestra responsabilidad el cuidado del resto, ya que basta (y cuesta, en el amplio sentido) cuidar de sí. Por ello, para el día de hoy, y a quienes se hayan dado el tiempo de leer, un recuerdo: esto depende de todes, se trata de un trabajo comunitario. Si culeas con o sin condón, que no vivas con VIH no te asciende ni te da la superioridad biológica o moral para exigir adherencia e indetectabilidad. Y no intenten disfrazar su serofobia, que desde temprano aprendemos a notarla.
We are not dummies, honey.

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[1] HPTN 052 Trial entre 2005 y 2015, PARTNER Study entre 2010 y 2014, PARTNER 2 Study entre 2014 y 2018 y Opposites Attract Study entre 2012 y 2015.

Por Lucas Nuñez

(le/elle) Artiste no binarie/pronombres neutrales. Encargade de Comunicaciones en CEVVIH @cevvih ¿Tienes dudas sobre VIH?