NeuroCuir

Muchos de los escritos y las narrativas del autismo se han basado en la masculinidad blanca profesional. Los criterios diagnósticos del manual DSM, que han marcado el paso para la comunidad psiquiátrica dentro y fuera de Estados Unidos, se desarrollaron con grupos de prueba y estudios médicos mayoritariamente compuesto por niños. Estos resultados continúan el linaje de la mórbida historia de las concepciones del autismo, comenzada por Hans Asperger en el siglo XX. El espectro autista se ha descrito en distintas etapas históricas como “desorden de personalidad esquizoide», “cerebro macho extremo», “psicopatía autista” y “esquizofrenia infantil», entre otros.

Solo en años recientes se ha comenzado a investigar la imparidad de género en los procesos diagnósticos. El año 2020, la Universidad de Cambridge, publicó un estudio detallando que las personas trans tenemos hasta 6 veces más posibilidad de estar en el espectro autista.2 Algunes estiman que esto es porque muchas personas trans son medicalizadas y patologizadas mas exageradamente que las personas cis, siendo expuestas a procesos médicos y diagnósticos con más alta frecuencia. Y esto tiene paralelos históricos también: por años se han conflagrado a las personas sexo-disidentes con las personas autistas. Las personas trans y autistas comparten una historia de ser deshumanizades y medicalizades. Por ejemplo, en las décadas de los 60 y 70, un grupo de doctores en la Universidad de California en Los Ángeles utilizaron los mismos procesos para formular la terapia de conversión para pacientes autistas y para “niños con características femeninas.” Es decir, la terapia de conversión para el autismo (ABA) desarrollada por el Dr. O. Ivar Loovas, empleaba los mismos procesos para identificar y medicalizar a las personas trans/autistas, utilizando registros que analizaban sus patrones de comunicación, mundos gestuales y manierismos para marcarles como sujetos problema.3

Otras personas teorizan que la cantidad de personas trans en el espectro se debe también a una perspectiva autista: al no pertenecer a los marcos neurotípicos/alisticos, tenemos la tendencia de rechazar las normas de género y presentación social. La cosmología de la neurodiversidad se presta a la fluidez, el cuestionamiento y rechazo de la cultura dominante y sus rígidos marcos de socialización y auto-definición. Hay un movimiento teórico que define esta intersección de identidades y navegaciones furtivas sexo-sociales como ser neurocuir.4 Es interesante también verlo hasta a nivel visual como se ha ilustrado el traslapo de la diversidad de género y la variabilidad del espectro autista. Ambas cartografías utilizan los colores arcoíris del movimiento cuir, creando gradientes, formas y geometrías para aproximarnos dentro de la complejidad y multiplicidad de las manifestaciones de género y neurodivergencia. Esas cartografías también contienen las historias compartidas de violencia y deshumanización, movilización y cuidado comunitario que comparten estos grupos y son la manifestación de un largo esfuerzo de intentar entender y compartirnos dentro de una fluidez que es difícil transmitir en una cultura con categorías muy fijas.

Al expandir las figuraciones y entendimientos del autismo y al leerlo en paralelo a los mundos trans, nos abrimos a un mundo fértil de cuestionamiento, disidencia social y de género. Tal como las personas trans, tenemos la necesidad y facilidad de crear otros mundos y otras cartografías. Compartimos historias de medicalización, la creación de comunidades subterráneas, y diseños de auto-entendimiento y cuidado comunitario. Compartimos la necesidad de crear nuestras propias redes de apoyo y cuidado irreverente. Hil Malatino, quien ha investigado la violencia médica en las comunidades trans e intersex, escribe:

“Sea lo que sea ser trans, definitivamente se trata del cambio extremo y del emerger a un mundo social con parámetros cambiantes y cambiados. Para muches de nosotros, sobrevivir estos procesos significa someternos a cuidados impensables y a veces imposibles, sin las redes de apoyo necesarias.” 5

Al ubicar los espectros de género y del autismo de forma acumulativa, creamos gradientes aún más complejos, uniendo los movimientos anti-capacitistas con las disidencias de género, siempre centrando a las personas más vulneradas y con más necesidades de apoyo. Creamos nuestras propias socialidades, cosmologías, geometrías, cuidados y cartografías en contra de la cultura dominante. 

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(1)   Estas categorías históricas fueron encontradas en el libro Una Tribu Propia de Steve Silberman y del investigador Simon Baron-Cohen, quien utilizó procesos pseudo-científicos y generalizaciones dañinas sobre el género para formular la idea del autismo como el “cerebro macho extremo” (extreme male brain). En años recientes, ha cambiado su foco al participar en grupos de investigación sobre la diversidad de género y el autismo.
(2)  Warrier V. et al, “Elevated rates of autism, other neurodevelopmental and psychiatric diagnoses, and autistic traits in transgender and gender-diverse individuals” Nature, 2020.
(3)  O. Ivar Loovas era un doctor noruego radicado en EEUU que conducía crueles experimentos para “curar” a las personas cuir, trans, y autistas. Inventó la terapia de conversión y el ABA (análisis de conducta aplicada) en los años 60 y 70. Jake Pyne, “Abstract “Building a Person”: Legal and Clinical Personhood for Autistic and Trans Children in Ontario.” Canadian Journal of Law and Society, 2020.
(4)  Del término neuroqueer. Le autore melanie yergeau en su libro Authoring Autism (2017) escribe: “Podemos, por ejemplo, considerar al autismo como un gesto neurológicamente cuir. El ser autista es ser neurocuir y el ser neurocuir es idealizar, desear, moverse furtivamente.” (pg. 18).
(5) Hil Malatino es profesor de Género y Filosofía en la Umniversidad Penn en EEUU. Escribió su primer libro Queer Embodiment: Monstrosity, Medical Violence, and Intersex Experience [Encarnaciones Cuir: Monstruosidad, Violencia Médica y Experiencias Intersex] en 2019. Este extracto es de su libro más reciente: Trans Care [Cuidados Trans]. Minnesota: University of Minnesota, 2020.
*Creditos Portada: «Poppies and Potatoes», by David Halliday (2010)


Glosario

  • alista: persona que no está en el espectro autista.
  • autismo o TEA [trastorno del espectro autista]: del prefijo griego autôs (por sí misme). Una gama amplia de diferencias en percepción sensorial, procesamiento neurológico, comunicación y comportamiento social, entre otras características. Dentro del espectro, se definen a personas dentro de niveles (1, 2 y 3) dependiendo de la necesidad de apoyo que necesitan. Algunes todavía usan los términos funcional y no funcional, pero se usan menos por el estigma que trae para las personas con mayor necesidad de apoyo y por poder  invisibilizar las dificultades de personas con menos necesidad de apoyo. 
  • neurocuir: una persona neurocuir problematiza el traslapo entre su identidad cuir y neurodivergente, ya que es difícil separar la influencia de una sobre la otra. 
  • neurodiversidad: idea que normaliza la existencia diferencias neurológicas.
  • neurodivergente: neurología atípica. Se debate quién cabe dentro de esta categoría, algunes la utilizan solo para personas autistas, mientras otres incluyen a las personas con TOC, SDA y otros síndromes.  Más radicalmente, si utilizamos la idea de la neurodiversidad como un marco que neutraliza las divergencias mentales/neurológicas, podemos ver que todes divergimos en pequeñas formas ya que todes tenemos huellas cerebrales únicas y comportamientos distintos. 
  • neurotipico: tener una neurología típica. Uso esta definición cautelosamente, ya que el lenguaje médico tiende a crear una neutralidad falsa al inventar un sujeto “típico” o “normal” que se construye gracias a patologizar a personas que se consideran fuera de ese marco.

Por Agustine Zegers

(elle) Artista / Escritor, dedicado al mundo olfativo.