Libertad Multicolor

¿Es hombre o mujer? le preguntaban sus amigues a mi prima en su cumpleaños; yo tenía 6 años. Ese mismo año, le había dicho a mi mamá que quería cortarme el pelo, y al volver a casa de la peluquería, mi abuela exclamó que debían ponerme aritos, para que no me confundieran con un hombre. Durante mi infancia, podía sentir la incomodidad de las personas al no poder definir mi género, sensación que se hizo más intensa en mi adolescencia, cuando al saludarme los hombres estiraban el brazo para darme la mano, seguido de una incómoda reacción al descubrir en mi mirada extrañada por su gesto. Yo era “mujer”, lo que desembocaba inexorablemente en exageradas disculpas por “el error” cometido como si fuese la ofensa más grande del mundo.

Crecí con esa sensación de lo incorrecto, de no calzar, siendo testigo de los estragos que causaba el ser parte de ese espectro variado e indescifrable que se encuentra entre los dos polos de lo que normalmente se conoce como los géneros existentes. Más bien dicho, ese par de roles que la sociedad ha definido para clasificarnos, no solo según nuestra genitalidad, sino también entre una serie de atributos que se suponen  inherentes a uno o el otro sexo.

Es tan fuerte la presión social, que incluso en la transexualidad se ha intentado imponer el tópico de haber nacido en un “cuerpo equivocado”. El concepto de cispassing1 se usa por ejemplo en aquellas personas trans que se asemejan más a lo que la sociedad califica como “hombre” o “mujer” y esto significa pasar piola. Esto no nos es ajeno a ningune que se haya adentrado en la aventura de crear y recrear nuestra propia percepción del género.

Recuerdo, al principio de mi transición, todo se sentía medio inseguro; cualquier pasito; mis cambios de ropa; look; nombrarme por mis pronombres masculinos. La integración del cambio fue para mi paulatino y extraño sobretodo con mi familia por conocer mi historia. Durante el primer periodo de querer adquirir y abarcar mi nueva identidad, la que se sentía más verdadera, convivían la sensación de estar abrazando al fin mi verdad y confrontando la imposición verdad impuesta. Hubo momentos en que me sentí avergonzado, evite muchos enfrentamientos con personas que sabía podía traerme conflictos, de tener que explicar mis nuevos pronombres, etc. Ocupar mi rol masculino igual me fue difícil, a pesar de que me estaba viendo como un hombre trans. Con el paso del tiempo, ya todos me llamaban Dante. Mi aspecto se había vuelto más varonil y un gesto tan sencillo como “dar la mano” se transformó en algo positivo. Tengo una anécdota:

Vivía aún en Argentina cuando comencé a ir al gimnasio, para ejercitar y poder masculinizar más mi cuerpo desde ahí. Aun no tomaba testosterona cuando me acerque al entrenador (un tipo joven, musculoso y cis genero) y le dije –“mira, soy hombre trans y este es mi objetivo de venir al gimnasio. Quiero más musculatura aquí y acá..”– él asumió al toque mis palabras, vino, me dio la mano muy macho, con mucha energía y me dijo –“bueno, dale compadre vamos!”– y me mostró el lugar. Con sorpresa me dio una sensación que no había experimentado nunca antes, de no enfrentarme a un primer rechazo y sentir una fuerte validación proveniente de un extraño, donde yo pude disfrutar el gesto de saludar como varón sin estar pensando en la discriminación.

Actualmente es muy normal para mí moverme desde mi masculinidad. Dependiendo del contexto, reconozco que cuando estoy en mis grupos lgbti me permito ser mucho más cuir, con mas plumas y amanerado en las celebraciones sociales; En ambientes más hegemónicos, legales tiendo a expresarme desde un lugar mas sobrio y binario; y en mis espacios íntimos, sexuales me permito ser más fluido o femenino o distinto. Todas son pequeñas caretas que uno se pone por momentos en lo social, lo laboral lo amoroso siendo trans. Pero para muchas personas, hoy por hoy, soy un hombre más.

En este escenario, la visibilización de las personas no/binarias2 es una muestra más del resquebrajamiento y de las podridas estructuras de este sistema.

No hemos inventado nada nuevo, más bien somos la prueba de que la vida se expresa de maneras variadas y novedosas, y que ni la represión ni las imposiciones patriarcales, ni toda su violencia son capaces de sofocar la fuerza, la alegría y libertad multicolor con que la vida se abre camino.

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(1) Cispassing o passing son términos que en la actualidad están muy presentes y básicamente hacen referencia a cuando eres trans pero nadie lo puede deducir por tu aspecto físico ni tu voz. Es decir, ‘pasas por cis’ en tus rasgos y formas de moverte. Nadie se entera a menos que se lo cuentes. Este término no es muy positivo, ya que contribuye a mantener los prejuicios sobre lo trans.


(2) No Binario (non-binary o genderqueer) es una expresión del genero y significa no identificarse con ninguna categoría de sexo/genero establecidas por el Cis-tema-hetero. Es decir, no se auto perciben como varón ni como mujer y que pueden identificarse con un tercer género o ninguno (referencia: Joan Nestle, Clare Howell, Riki Anne Wilchins (2002). GenderQueer: voices from beyond the sexual binary (en inglés). Alyson Books. ISBN 1555837301.).

Por Dante Mahat

Performer – dancingboi – Artífice transMedial.