Ley de ¿identidad de Genero?

¿De qué sirven las leyes, y todas las personas que se llenan la boca hablando de estos avances, si en las solicitudes y trámites se siguen viviendo discriminaciones y violencias hacia la comunidad Trans? ¿Ganamos realmente con la Ley de Identidad de Género si las personas encargadas de ejecutar los trámites siguen discriminando, no respetan nuestros pronombres, ni revisan la documentación antes de ser entregada? ¿Cuántos dolores y violencias tenemos que atravesar, una y otra vez, hasta obtener un carnet que nos proteja un poco en el cotidiano?

En diciembre de 2018 se promulgó la Ley de Identidad de Género Nº 21.120 la que entró en vigencia en diciembre del 2019. Ley que, supuestamente, venía a proteger nuestra identidad y, supuestamente también, venía a prohibir las discriminaciones a las personas Trans.
Sin embargo, durante este tiempo hemos visto más de una vez que las cédulas son entregadas con los nombres muertos o que no han tenido los cambios en el sexo registral, que las personas encargadas de los trámites no respetan nuestros pronombres y un sin número de violencias que probablemente no logran dimensionar o que simplemente pasan desapercibidas en personas “acostumbradas” a estas vulneraciones. ¿De qué nos sirve la ley entonces? ¿Cuáles son los límites de una legislación que no viene acompañada de una capacitación mínima que se sustente en los derechos de las personas?

Soy transmasculino y después de mucho pensarlo decidí solicitar la hora para realizar el trámite del cambio de nombre y sexo registral. Nunca voy a olvidar el día 26 de abril cuando iba con mis dos amoramigas testigas a la Oficina del Registro Civil. Ese día empezaba la cuenta regresiva de mi representante legal, al fin iba a jubilar! Todo fue bastante bonito en esa ocasión, la funcionaria con bastante cuidado y consciente de la importancia del trámite para mi, nos explicaba todo con mucha claridad, me dio consejos y hasta me acompañó a solicitar el nuevo carnet en el salón principal. El trámite “menos trámite” que en 45 días después estaría materializado en mi nueva cédula.

El día 17 de mayo me llega el tan esperado correo notificando que “la nueva cédula está lista para ser retirada”. No lo podía creer, la espera se había super acortado. Era el fin de alguito, sin vuelta atrás, y un holita a la tranquilidad de ser y aparecer hasta en lo legal. Fui al otro día muy temprano a buscarla, esta vez fui solo, quería darle rienda suelta a la felicidad -sin contención, total ¿qué podía salir mal? – si la experiencia anterior había sido tan bacán.

Sin embargo y justamente porque parece ser bien aleatorio este trato cuando no hay una formación transversal en las personas que atienden entré a buscar mi carnet y el tipo que me atendió me dice medio apurado “revisa si están ok los datos”, lo primero que me puso feliz fue ver mi nueva firma. Pero esa sonrisa y emoción se desvaneció al instante al ver que otros datos estaban malos –estaban igual que mi carnet vigente, con mi nombre muerto–. Le comenté al tipo que estaban malos algunos datos, que leydeidentidá blabla y me manda a hablar con su superior o algo así.

Fui y le indiqué a la funcionaria superiora los errores en la cédula, que la leydeidentidá blablabla y así, sin siquiera darse el tiempo de preguntar que sea, se dirigió a mí todo el rato en femenino; habla por teléfono con alguien para una posible solución y le comenta la situación de “ella, es que ella, la cédula de ella”, “la señorita” –señorita po y así hasta el final–. Sabiendo que, con sus propias palabras, me acogía a la ley 21.120, donde unos de sus principios es la dignidad en el trato: los órganos del Estado deberán respetar la dignidad de las personas.
A la mierda. Ese día reviví muchas de las violencias que he enfrentado a lo largo de mi vida por ser ‘quien y como soy’. Mientras la superiora hablaba por teléfono de “ella” mi cuerpo se empezó a hacer chiquito, empezó a doler, esfumarse y sentirse un error – nuevamente. Me paralicé, la angustia fue tanta que no supe que decirle a alguien que supuestamente estaba ahí para ayudarme a hacer cumplir un derecho que durante años ha peleado la comunidad Trans. Al final me termina diciendo que no obtuvo una respuesta en su llamada telefónica, que va a dejar registrado en “memo” el caso para que yo no saliera perjudicadA y que además no me podía dar una fecha de retiro de mi carnet. Espérate sentaitA no má le faltó. Y ese fin de alguito, esa no vuelta atrás terminó siendo una mala vuelta de carnero con fractura incluida.

¿De qué me sirve la ley entonces?
¿Dónde está el respeto y la dignidad prometida?
¿Qué hago con el carnet? ¿Qué le digo a una persona trans, si me pregunta si vale la pena hacer este trámite o si sirve la Ley de Identidad de género? *

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Este es un relato anónimo sobre hechos de discriminación ejercidos por funcionaries del Registro Civil de Chile, la semana del 17 de mayo.

* P.D:
Tras la denuncia hecha en RRSS sobre estos hechos de discriminación durante el trámite, en el marco de ley de identidad de genero, el Registro Civil se puso en contacto con la víctima y dio solución al caso.

El 27 de mayo le fue entregada su cédula de identidad con todos sus datos en orden, incluyendo Nombre, Sexo registral y profesión. Lamentablemente estos hechos seguirán ocurriendo en distintos trámites y espacios legales y no es un caso aislado. Por esto es importante denunciar cada vez que vemos un caso o nos sentirnos agredides y notificar sobre esto a las autoridades. Solo así veremos cambios reales.