Homonacionalismo

El virus efectivamente es un catalizador y un potenciador de lo más horroroso del presente. ¿De qué podríamos estar orgullosos en medio de una pandemia? ~ Los gays mainstream le dan un premio del orgullo, en un contexto de un virus que tiene corona, a la subsecretaria del delito de un gobierno que desde octubre intensificó la violencia, la mutilación, la persecución y la tortura a todx quien se manifestara. 

Nadie puede estar con el gobierno en este contexto; un gobierno que viola derechos humanos a cada momento, algo reconocido internacionalmente. Además dan visibilidad a animadores heterosexuales convirtiendo esta fecha de dolor en un «orgullo heterosexual». Hablar de orgullo heterosexual es tan ridículo como hablar de racismo hacia los blancos. El homo-nacionalismo está mostrando su peor cara, haciendo justamente lo contrario a lo que disidencias sexuales de todos los tiempos nos han llamado: generar memoria de nuestras historias torcidas.

Si no recuerdan lo que pasó con la violencia del estallido y la pandemia, menos van a visibilizar las memorias de personas que, viviendo maneras alternativas a la heterosexualidad obligatoria, soportaron siempre el estigma de la desviación, la segregación, la violencia y la censura. Tenemos que arrastrar al presente esas memorias, tocarlas con nuestras acciones, reivindicar las fuerzas que portaron para soportar el señalamiento de su vida como perversión. 

Hoy canal 13 dice estar con nosotras y pone vídeos entremedio de los comerciales de lesbianas y gays felices con hijos, un canal y una universidad abiertamente homofóbica, recuerdo que en la teleserie «machos» Ariel Mercader nunca se dio un beso gay, nunca mostraron nada homosexual de su vida porque todo «pasaba en españa». Esa señal de televisión expulsó a la periodista Mónica González por ser crítica con el actuar del gobierno en la revuelta y la pandemia, ha censurado programas y películas, pero ahora pone a Ricky Martín en la versión edulcorada del asesinato de Gianni Versacce.

Recuerdo que cuando estudié biología en la PUC y era parte del centro de alumnos de la carrera nos llegó una circular que decía que estaban prohibidas las agrupaciones de diversidad sexual en la universidad. Una burla que los gays mainstream se comploten con agrupaciones que olvidan nuestro dolor. Antes que casarnos queremos y necesitamos muchas otras cosas: que no nos maten, que no nos violenten, que no nos torturen, que no nos amedrenten, que no trunquen nuestras carreras, que tengamos derechos básicos de vivienda, en fin muchas cosas necesitamos antes que casarnos. Para qué casarnos si ni siquiera tenemos casa. 

Por último hay un tema que discutir y que tiene que ver con quién vive del activismo. Claramente hay personas críticas también en estas organizaciones mainstream pero que viven de un salario que les proporcionan los fondos y las alianzas con el estado. Esto es triste porque trabajan con la precariedad de activistas necesitan un sueldo para vivir a costa de enarbolar otros rostros (escritores, abogadxs, historiadorxs) que son los que tienen toda la visibilidad y que entregan su prestigio para blanquear la violencia que significa el homo nacionalismo patriarcal. 

El orgullo nació como una protesta, como una violenta protesta que quiso decir no a la persecución de nuestras vidas. No fue una fiesta electrónica con free pass, ni la inició un gay blanco musculoso que toma vodka en calzoncillos del arcoíris. La iniciaron trans, colas, travestis negras y latinas que se cansaron del abuso policial.

Sin memoria no hay orgullo y sin justicia no hay paz.

Por Jorge Díaz

Biólogx trans-feminista, escritxr y activista de la disidencia sexual.